La comida del medio: un año después

La comida del medio: un año después

Hoy peso 65 kilos. Mi peso ideal. Mucho más bajo de la meta auto-impuesta de setenta kilos.

Tal como les había comentado antes, había logrado llegar a los setenta kilos hace bastante tiempo atrás. No pensaba seguir bajando de peso. Para mí esto no era un tema de imagen, si no de salud. Con setenta kilos ya estaba tranquilo. Me sentía sano. Mi espalda dejó de molestar. Y mi salud mejoró. No solo mi espalda; mi salud.

Hoy, 22 de octubre del 2015, cumplo un año desde que comencé a utilizar MyFitnessPal y peso 65 kilos. Hace un año pesaba 95 kilos.

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En un año he perdido 30 kilos únicamente aprendiendo a comer… como ser humano. Ese es todo el truco. Para quien busca sinceramente bajar de peso, y no pretende una solución milagrosa e infantil, todo el juego se trata de aprender a comer. Nada más.

¿El ejercicio ayuda?. Claro, para estar más sano. En ese sentido eso si, cualquier ejercicio ayuda: hasta el caminar. ¿Para bajar de peso?. A menos que puedas estar toda la semana en el gimnasio, por varias horas cada día, y vivas para cultivar tu imagen, ejercitar un par de veces a la semana o cuando te acuerdes, no sirve mucho al menos respecto a la perdida de peso. Sirve de mucho menos si no aprendes primero a controlar lo que le echas a tu estómago.

Hoy, en promedio, consumo 1700 calorías al día. Me paso algunos días. En otros días quedo corto, pero nunca con hambre. Suficientes calorías para una persona de mi estatura y sedentaria.

No hay que mentirse. Aunque me encanta cuando salimos en bicicleta con la familia, no lo hacemos seguido como para considerarlo una actividad habitual y mucho menos un cambio de mi situación sedentaria.

Ciertamente no requiero la monstruosa ingesta calórica a la que estaba acostumbrado hace un año atrás; ¡sobre 3 mil!. No soy Phelps, no requiero bombas calóricas en mi comida.

Hay que comer lo necesario y suficiente. Balance.

Hay que aprender que la ansiedad no es normal, y es mucho peor si la sosiegan con comida. No nos enseñan a diferenciar el hambre, real, de la sed o la ansiedad. Se sorprenderían si le dieran unas semanas al agua para calmar esa “hambre” de media tarde. El hambre: deberían pasar un día completo sin comer nada en lo absoluto, ni beber agua, para recién comprender un poquito lo lamentable que es hambre real y el dormirse con esa sensación en el estómago. Lo que normalmente llamamos “hambre” es un chiste comparado con ello.

Ansiedad: contrólenla. Ella parte en vuestra mente, y ahí debe acabar. No permitan que vuestra mente de mono se salga con la suya. Busquen la causa de fondo de vuestro problema de ansiedad. No lo ahoguen con comida.
Y háganse responsables de no entregar este comportamiento dañino a sus hijos. No le enseñen a sus niños a calmarla por la boca tampoco. ¡Por favor!. Es triste ver a padres jóvenes que, hoy en día, apenas sus hijos muestran señales de aburrimiento o les incomodan, no se les ocurre mejor idea que meterle exceso de alimento (aunque sea sano) al niño, simplemente para dejarlo tranquilo y que deje de “molestar”; o para premiarlo cuando se porta bien, como si de criar un animal se tratase. El mensaje que le están dando, lo que está aprendiendo para su futuro como adulto, es terrible. Esos niños, todos nosotros, debemos aprender a frustrarnos. Los niños deben aburrirse. ¡Es normal!. Deben poder ser capaces de usar su cerebro para algo mas que piar y esperar que mamá pájaro les tire un gusano para dejar de molestar. Si el crío comió, y lo suficiente, debe esperar. Si “tiene hambre”, enséñenle a apaciguar esa “hambre” con agua; no jugo, no bebida. Agua. Si sigue molestándolos, ignórenlo. Mientras no se corte un brazo, no mate a alguien y no haga explosionar la casa, tiene el derecho y deber de aburrirse, frustrarse y aprender, finalmente, a usar su cerebro para buscar soluciones o crear instancias que lo calmen y distraigan; tiempo para conocerse el mismo. A usar su tiempo, no a comérselo. Y ojalá no piensen en hipnotizarlo con la TV, un PC o los ya infames smartphonezepam o tabletzepam. Aparte de fomentar a un futuro obeso, estarán criando un zopenco. Un futuro candidato a habitar el Axioma. ¿Cómo un niño va a aprender el correcto comportamiento social, si lo primero que hacen es conectarlo a la Matrix “para que no moleste” mientras los grandes comen? (O hacen cosas de grandes). Padres subnormales como esos hay montones igual. Es cosa de ir a comer a cualquier lugar público y mirar en las mesas del lado. Ojalá sea en las mesas del lado donde deban buscar y observar, y no las vuestras.

Se trata del balance.

La comida es para nutrirse y continuar vivos. Si eres afortunado y tienes para elegir y regodearte, puedes disfrutar claro, pero la porción que te corresponde. Como les dije una vez, no es una dieta lo que deben planificar. Personalmente continúo comiendo de todo, y deleitándome con nuevas comidas cada vez que se presenta la oportunidad (pastel de jaiba, perdóname por no haberte conocido antes). Se trata de ser sobrio y franco en la cantidad que se come, nada más. Y no comerse una olla.

El deporte ayuda. Pero no es una obligación.

Pasé por un periodo donde hice ejercicio. Bastante como para acelerar la perdida de peso en varias semanas. Desde diciembre del 2014 a finales de marzo del 2015, apliqué ejercicio tres a cuatro veces a la semana, por 45 minutos al menos, utilizando una elíptica que estaba de colgador de ropa acá en casa. 45 minutos. Lo que dura una seria gringa de TV (¿captan? :D). Y los sábados, mientras los más chicos estaban en sus deportes respectivos, mi SO me acompañaba trotando dos o tres kilómetros. Calculé la perdida de calorías durante estas actividades usando Endomondo en el fono en conjunto con una banda de monitoreo cardiaco Polar que compré por ahí (funciona de maravillas; si son asiduos al deporte, recomendada totalmente).

Te sientes mejor haciendo deportes, si. Categóricamente. Pero el ejercicio no fue decisivo en mi baja de peso. En lo absoluto.

Si quieren lograrlo rápido, hacer ejercicios los va a ayudar. Pero deben ser conscientes que si entran al camino del deporte, deben quedarse en el. Si eventualmente lo dejan una vez que lleguen a vuestro peso ideal, volverán donde mismo; dejarán de quemar calorías gracias al deporte, y si no regulan la ingesta de esas calorías extras, es vuelta a cero. Y motivos para dejar el deporte hay muchos cuando no están acostumbrados a hacer actividades físicas. Si lo van a hacer, háganlo un hábito primero, y háganlo porque lo disfrutan y hacer deporte los deja felices, no porque quieren bajar de peso. Busquen un deporte con el que se regocijen, que lleguen a amar, y que no requiera la acción y compañía de un tercero para gozarlo y buscar repetirlo cada vez que puedan.

Como mi idea es caminar por el medio, dejé el deporte como un placer a disfrutar con la familia ocasionalmente. No quiero hacerlo por obligación para poder mantener un peso sano, y mucho menos volverlo una obligación. No hoy, por lo menos. Quién sabrá lo que viene a futuro. Dicen que ser físicamente activo lleva a una vejez más grata.

Aquí me quedo. Aunque el último kilo lo perdí en cinco semanas, sin buscar perderlo, aquí me quedo. No pretendo seguir. Ningún extremo es bueno.

Además, la ropa que compré a los 75 kilos me quedó gigante, otra vez. Tuve que comprar ropa nueva, de nuevo. Por segunda vez. Que derroche.

Muchas gracias a mi familia por soportarme, sobre todo el primer mes; dicen que es donde más se notó una alteración de ánimo por el cambio y regulación del hábito alimenticio. Problema superado si. El agua y el té ayudan mucho. Om.

Mi próxima meta: dejar ir; continuar practicando el desapego.

En lo alimenticio: despojarme del app, terminar con mi streak de 365 días en el app, y continuar comiendo tal como aprendí a hacerlo ahora, sin ataduras. Ningún extremo es bueno.

Les toca a ustedes. Lo único que necesitan es fuerza de voluntad y amor propio. Y un smartphone con MyFitnessPal instalado, claro. Pueden lograrlo. Solo muevan un pie y comiencen a recorrer el camino.

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