«Cuantas más leyes y regulaciones dictan los gobiernos, más salteadores y ladrones existen.»

«Cuantas más leyes y regulaciones dictan los gobiernos, más salteadores y ladrones existen.»

«Cuantas más leyes y prohibiciones se practican en el imperio, más se empobrece el pueblo.

Cuantas más armas conserva el pueblo, más desorden y confusión reinan en el país.

Cuantas más artes e industrias desarrollan los hombres, más cosas frívolas e inútiles se producen.

Cuantas más leyes y regulaciones dictan los gobiernos, más salteadores y ladrones existen

De allá, de acá, de ningún o independiente de lados, sin distinción esto toca a todos quienes pisan la política.

¿Quiere hacer un cambio en ella?. Eduque a su familia, en especial a esos que dependen y creen ciegamente en usted.

Pero no los eduque sólo en números y letras; ni repliegue dicho cargo educacional a una institución, a terceros, creyendo que por desembolsar sin escatimar, usted se exime de la responsabilidad y a su vez está haciendo un buen papel formador. Edúquese usted. Edúquelos usted. Edúquense en usar el cerebro.

Edúquelos en el arte del sentido común.

No los eduque en un “bando”. Ya sea en el que usted nació y creció, o en el que por ego adoptó. Eso es alimentar un dogma. Y hacer eso con un niño, forzando una creencia en el (política, religiosa, filosófica o hasta deportiva), como sabia y fríamente dijeron por ahí, no es distinto a criar un perro amaestrado.

Si lo hace (inducir una facción), ese ser no será mejor que usted; podrá lograr a que aspire a más cosas, “pertenencias”, y que finalmente las obtenga. Claro que si. Pero no será un átomo más feliz y pleno que lo que usted es; por el contrario. Compartirá cada fibra de la estupidez que usted también posee.
Y ningún “logro”, ni material ni profesional, ni un viaje ni poder o la ilusión del control, lo van a volver alguien completo, satisfecho y feliz de poder respirar.

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Lao Tse

Eduque a sus descendientes en la curiosidad. En el camino de dudar y cuestionar sensata e inteligentemente cada experiencia que se les atraviese en el camino.

Edúquelos para pensar. Y no sólo por el, ni por usted, o por sus queridos y conocidos. Por todos.

Pero permítame advertirle que, si está de acuerdo o se siente al menos curiosamente aventurero por la idea e impulsa una honesta reforma del pensamiento y el sentido común en usted y los suyos, la profundidad de esta eventualmente enviará la política a un plano absolutamente irrelevante. Lo que no lo hará menos feliz, claro. Todo lo contrario. Pierda usted cuidado.

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